Coaching de habilidades mentales

Road to Georgia: Inspirar lo que los jugadores aún no han descubierto

December 25, 2025
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René Sonneveld

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Este texto forma parte de la serie Road to Georgia. Reflexiona sobre la inspiración, la creencia y esos momentos en los que los atletas empiezan a verse a sí mismos de otra manera. A partir de una escena de Invictus, explora cómo los jugadores aprenden a superar sus propias expectativas, no a través del hype ni de discursos, sino al reconocer lo que ya existe dentro de ellos.

Hay un momento en la película Invictus en el que Nelson Mandela, interpretado por Morgan Freeman, se sienta con François Pienaar, el capitán del equipo sudafricano de rugby. La conversación es contenida. Sin esfuerzo. Casi sobria. Y, aun así, carga con el peso de una nación.

Mandela hace una pregunta simple.

¿Cómo inspiras a tu equipo para que dé lo mejor de sí?
¿Cómo logras que sean mejores de lo que creen que pueden ser?
¿Cómo nos inspiramos a la grandeza cuando nada más alcanza?
¿Y cómo inspiramos a otros a la grandeza?

Luego dice algo que recuerdo muy bien.

“A veces creo que usando las palabras de otros.”

Esa frase importa. No porque sea ingeniosa. Sino porque revela algo profundamente humano sobre el liderazgo bajo presión. Cuando las circunstancias son más grandes que nosotros, cuando la tarea se siente más pesada que nuestra propia confianza, tomamos prestada fuerza. Nos apoyamos en palabras, historias, símbolos que nos recuerdan de qué somos capaces.

He vuelto a ver esa escena más veces de las que puedo contar. Y, mientras pienso en el Road to Georgia y en el equipo uruguayo Sub 20, vuelve a aparecer una y otra vez.

Este grupo de jugadores no carece de talento. No carece de esfuerzo. No carece de orgullo. Pero, como todo equipo joven que pisa un escenario global, está parado al borde de algo desconocido. Las expectativas suben. El ruido aumenta. La duda se filtra.

Y ahí es donde la inspiración se vuelve algo muy específico.

No hype.
No discursos.
No presión disfrazada de motivación.

La inspiración, a este nivel, tiene que ver con ayudar a los jugadores a superar sus propios techos internos.

Esos techos que ni siquiera saben que han construido.

Los atletas jóvenes rara vez luchan porque no quieran lo suficiente. Luchan porque todavía están descubriendo quiénes son cuando las cosas se ponen difíciles. Están aprendiendo cómo reaccionan cuando el juego se acelera, cuando aparecen los errores, cuando la camiseta de repente pesa más.

Entonces la verdadera pregunta no es cómo los inspiro.

La verdadera pregunta es cómo los acompaño a descubrir lo que ya está dentro de ellos.

Mandela entendía esto de manera intuitiva. No le pidió a Pienaar que se convirtiera en otra persona. No le pidió que cargara solo con la nación. Le pidió que se parara como un espejo. Que reflejara de vuelta a su equipo algo más grande que el miedo, más grande que el hábito, más grande que la duda.

Ese es el trabajo.

Para los Sub 20 de Uruguay, la inspiración se ve como recordarles su linaje sin quedar atrapados en él. El rugby uruguayo carga historia, resiliencia, garra, identidad. Pero la historia sola no gana partidos. La identidad hay que vivirla, no heredarla.

La inspiración también se ve como ayudarlos a confiar en su preparación cuando la presión los tienta a abandonarla. Se ve como desacelerar el momento cuando el instinto dice apurarse. Se ve como elegir responsabilidad en lugar de reacción.

Y a veces, se ve como palabras.

Hay otra cita que suele volver a mí en estos momentos. Un poema del que el propio Mandela tomó fuerza durante su encarcelamiento. No porque borrara el sufrimiento, sino porque nombraba la agencia en medio de él.

“Agradezco a los dioses que puedan existir
por mi alma inconquistable.
Soy el dueño de mi destino.
Soy el capitán de mi alma.”

Estos versos no hablan de bravura. Hablan de hacerse cargo. De postura interior. De la decisión deliberada de que, pase lo que pase afuera, algo esencial permanece intacto.

Ese mensaje importa profundamente para los atletas jóvenes.

No puedes controlar a los árbitros.
No puedes controlar a los rivales.
No puedes controlar el momentum cuando cambia.

Pero puedes controlar tu respuesta.
Puedes elegir tu próxima acción.
Puedes decidir quién eres en el momento que te pone a prueba.

Como coach de rendimiento mental, mi rol no es inyectar creencia desde afuera. La creencia no funciona así. Mi rol es crear las condiciones para que la creencia emerja. Para que los jugadores se reconozcan a sí mismos en momentos de coraje, compostura y conexión.

A veces eso sucede a través de ejercicios.
A veces a través de la reflexión.
A veces a través del silencio.
Y a veces a través de las palabras prestadas de otros.

No como consignas. No como decoración. Sino como anclas.

Porque al más alto nivel, el rendimiento no tiene que ver con hacer más. Tiene que ver con confiar en lo que ya está ahí.

El Road to Georgia no es solo un viaje físico. Es uno interno. Un pasaje gradual del “¿puedo?” al “voy a hacerlo”. De esperar pertenecer, a darse cuenta de que ya perteneces. De entender que te ganaste estar acá. Que esta camiseta no es prestada, sino merecida.

Al final, la inspiración no es algo que le das a un equipo.

Es algo que los ayudas a recordar.

Que son capaces de más de lo que creen.
Que la presión no los define.
Que la responsabilidad, cuando se asume, afila en lugar de aplastar.

Y que cada uno de ellos, a su manera, está aprendiendo a convertirse en el capitán de su propia alma.

Me encantaría conocer su opinión sobre este tema.

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